Por. Sandro Rivero
Desde que alojo en casa a ciclistas viajeros, ella era la primera mujer cicloturista que se quedaría en casa.
Llegó una tarde gris de agosto montada en su bicicleta verde y sus alforjas alemanas. Estaba a poco de terminar un viaje que había comenzado en Cartagena de Indias en Colombia once meses antes y 8.000 km después lo terminaría en Buenos Aires, desde donde volaría de regreso a Londres.
Enamorada de Latinoamérica , su gente y sus costumbres Fiona (31) compartió con mi familia dos días muy especiales en los que conocimos sus historias de mujer viajera.
-Cuando salí de Inglaterra mis padres se quedaron muy preocupados- nos contaba en su español agringado-, ellos creían que en américa solo había guerrilleros y narcotraficantes y yo en cambio, aquí me encontré con gente maravillosa y hospitalaria.
Allá (por Inglaterra) la gente es más fría, aquí te reciben, te brindan su hospitalidad apenas te conocen. Allá sos un número, aquí todo el mundo te trata como que te hubiera conocido toda la vida. Alguna vez me gustaría trabajar en algún país latinoamericano.
Cuando le preguntamos si su condición de mujer no le había acarreado dificultades al viajar sola y en bicicleta, respondió que en todo su recorrido se encontró con gente que solo quisieron protegerla y ayudarla. Empeñada en hablar español, Fiona se mostró siempre amable, educada y agradecida de cualquier atención que tuviéramos con ella. -Durante el viaje hubieron meses que solo dormí una o dos noches en una cama y eso es duro. En casa descansó, se puso al día con sus contactos en internet y luego retomó su viaje hasta Colonia desde donde cruzaría a Buenos Aires en barco. Partió dejándonos los mejores recuerdos y una tarta de manzana que nos regaló a forma de despedida y agradecimiento.
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Amable y educada, por dos días, Fiona fue una más de la familia. |