lunes, 2 de enero de 2017

¿Y SI EINSTEIN TENÍA RAZÓN?


Cavilaciones acerca de nuestras reclinadas y la gente. Crónica de un encuentro cercano de mal tipo.   

Se le atribuye a Albert Einsten, haber dicho que ERA MÁS FÁCIL DIVIDIR UN ÁTOMO QUE BORRAR UN PREJUICIO…y de esto me acordé hace poco  a raíz de la anécdota que ahora les cuento.



-¿Vamos a pedalear un poco? –me propuso mi vecino “el petiso”.
-Bueno dije y al rato estábamos rodando despreocupadamente por la costanera de Paysandú.
-“El Petiso” es el único vecino que le gusta salir a bicicletear con el “raro” del barrio,  es más, ¡HASTA ME HA DICHO QUE LE GUSTA!
-Como es medio “farolero” (le gusta mostrarse), me dijo una vez entre risas, “cuando salgo solo nadie me da bola, pero si vas vos en tu reclinada todo el mundo nos mira!! 

¡Y claro! –pensé – cuando pasamos la gente quedará esperando que atrás nuestro vengan los payasos, los monos y el resto del circo…POR ESO NOS MIRAN.



Lo cierto es, que esa tarde salimos para hacer un circuito junto al Río Uruguay dónde en verano la gente sale a correr, a caminar y andar en bici. 
Ese escenario es un “vergel” para mi compañero de ruta, porque “el petiso” es super- sociable y  un personaje que conoce a medio mundo.
Así que mientras pedalea va saludando a diestra y siniestra como político en campaña. 


A poco de andar, notó que unos metros más adelante, un reconocido ciclista de ruta pedaleaba haciendo nuestro mismo recorrido.
Mi compañero lo conocía, así que se le acercó a saludarlo con su cordialidad habitual. 
El otro respondió complacido HASTA QUE ME VIÓ EN MI RECLINADA. 


Un gesto fugaz le castigó el rostro y una expresión muy parecida a “¡¡QUIEN PISÓ EL SORETE DEL PERRO!!” se le pintó en la cara.
Fue tan evidente su desagrado por “mi compañía reclinada”, que el breve diálogo que intentaba mantener con mi compañero se volvió torpe e inconexo. 
“ESA COSA” que rodaba junto a él (es decir yo y mi reclinada), evidentemente lo perturbaba. 
-¡Qué pensarán de mí los que me conocen si me ven con éste a la RUEDA !! habrá pensado el pobre.


Al cabo de un rato y evidenciando su inocultable incomodidad, apenas encontró el primer desvío, farfulló una excusa y se hizo humo, en un atropellado y patético “mutis por el foro”.
Se ve – y no lo culpo - que verme pedaleando  TAN CÓMODO en mi sillón con ruedas a la par a su “reconocida  estirpe” de ciclista rutero, le cayó mal…mejor dicho, le cayó pal´ culo.  

Que yo me pusiera a rueda montando ese “allien” lo incomodó tanto como si la puta del burdel más conocida  lo saludara por su nombre delante de su mujer. 

Me causó gracias, pero no sorpresa porque  conozco la “cabeza” de muchos ciclistas que compiten o alguna vez lo hicieron. 
Sé de esa mezcla de sacrificio, testosterona, logros y ego que llenan el “disco duro” del ciclista tradicional. 
El rutero ama su deporte y su bicicleta, por eso tampoco le caen muy en gracia los ciclistas que hacen montain bike.

En su opinión, eso de andar a los saltitos por el campo es para los conejos no para los ciclistas serios... y mejor no preguntar que piensan de nosotros porque estamos en el horno.

Como ven los PREJUICIOS siempre están, todos los tenemos, salvo que algunos nos da lo mismo lo que piense el otro (que tampoco es tan así).

CAMBIANDO EL CHIP

No es fácil cambiar el chip a favor de las reclinadas. 
Las bicis tradicionales de hoy en día son cada vez más atractivas estéticamente, más livianas y vienen acompañadas por una aureola de gloria y de márketing que las hace casi inexpugnables. 

Sino piensen en el pobre iluso que aspira bajar unos kilitos haciendo ejercicio y  se compra su reluciente bicicleta.
El tipo piensa que con la bici adquiere los talentos de un ciclista consagrado.
Pasa lo mismo con el mal jugador de fútbol que compra los mismos  botines  de su ídolo pretendiendo inconcientemente parecerse a él.

Claro está, que si se lo dices, ni la inquisición le hará confesar esa debilidad, porque si alguna virtud tiene la publicidad bien hecha, es la de provocarte el deseo, hacerte comprar la mula, pero convencido de que la idea fue tuya.

Eso si, ahora que tienes la burra en casa y no sabes para que coño la compraste, te darás cuenta que te jodieron...pero eso no se reconoce NI MUERTO.

 MEA CULPA 
Fuera de eso, debemos ser sinceros y admitir, que nuestra postura reclinada no es muy “deportiva” que digamos. Puede ser naturalmente más aerodinámica, pero no trasmite esa imagen de “esfuerzo y deportividad” de las bicis normales.



Al ojo profano, la idea que estamos en la playa a punto de tomarnos una cervecita, es más fuerte que aquella que los convenza que estamos a punto de protagonizar una sacrificada gesta  ciclística.

Y como encima resultamos “raros”, es más difícil que la gente se sienta tentada a probar la experiencia. 

En fin, el desafío continúa siendo el mismo, HACER LAS RECLINADAS MÁS CONOCIDAS PARA LA GENTE Y DESPERTAR LA CURIOSIDAD POR ELLAS. 
Bajar un ciclista tradicional de su bici, sentarlo en una reclinada y esperar que las ventajas de una recumbent  los seduzcan, será todo un logro.
LOS AUTO-CONSTRUCTORES

Quienes ingresamos a este mundillo como auto-constructores la tenemos un poco más fácil. 
Nos gustan las reclinadas porque son “nuestros cacharros”, los hicimos nosotros mismos y por eso los queremos, los usamos y elogiamos sus virtudes. 
Son “nuestras creaciones”, pero no nos engañemos, así como para un padre no hay hijo feo, nosotros tampoco vemos nuestras reclinadas con los mismo ojos que los demás.

Por eso siempre aconsejo construir nuestras reclinadas cuidado los detalles y la estética.

Si conseguimos “llenar el ojo” y ganar una buena primera impresión, les harán creer que “son de fábrica y nos mirarán con otros ojos (al menos por un ratito).

Por supuesto que habrá otros casos que no lograremos siquiera que se pregunten por qué usamos estas bicicletas. 
Lo resolverán con un rápido “son uno manga  de loquitos extravagantes”. 
  

Sin embargo, si logramos  que un ciclista tradicional venza el tonto prejuicio de “como son raras no sirven”, o superen “el qué dirán si me ven en “esto”, entonces habremos dinamitado varios prejuicios y se hará realidad otra frase atribuida a Einsten, “La MENTE ES COMO UN PARACAÍDAS…SOLO FUNCIONA SI LA TENEMOS ABIERTA ". 

4 comentarios:

Óscar Barreiro dijo...

Divertido artículo y geniales reflexiones. Depende por donde vayas en modo reclinado te miran o se admiran más o menos, eso es a gusto o calidad del observador. A nosotros lo que más nos impresiona es que nos dejen pasar sin preferencia.
Un abrazo!

Ricardo Rubino dijo...

Querido Sandro, encuentro muy divertido tu relato, y tantas veces me ha pasado que ya ni me molesta...
El desprecio que sienten los DEPORTISTAS TRADICIONALES por los reclinados es tal, que en la última Expobici Argentina, he llegado a escuchar la palabra ENGENDROS, para calificar nnuestras bicis.
Así y todo, al entrar y llevar nuestras bicis reclinadas ( fuí un domingo con un amigo que tiene una de costrucción propia) creo que nos han sacado más fotos que a las bicicletas que estaban dentro del evento.
Es muy divertido ponerse al lado de uno de estos deportistas y pedalear demostrandoles que un gordito en una bici rara puede ir a la par de ellos (aunque sea por un tramo, el físico no da para un Tour de France, jeje...!). Y por otro lado, yo he tenido en MASA CRÍTICA BUENOS AIRES, un día de instructor de manejo en reclinada... sucedió en la primera edición del año, cuando varios ciclistas me pidieron prestada la bici para probarla, mi satisfacción fué que uno de ellos encontró la forma de abrir su cabeza, sacar afuera todos los preconceptos de manejo y equilibrio, y en diez minutos estaba rodando en mi bici. Los otros no pudieron desprenderse de la información grabada en sus cabezas, dejando de lado el intento de disfrutar un rato de pedalear cómodos...

Fernando Tejón Rubial dijo...

Muy interesante artículo, Sandro.
Lo importante es dejarse ver con la reclinada. Si te ven, existes. Si por la zona por la que circulas habitualmente con tu reclinada te ven una vez puede que digan que ahí va un loco con su engendro, si te ven varias veces ya algunos comenzarán a pensar que ese artefacto igual no es una tontería con ruedas, si te ven muchas veces a alguno le picará tanto la curiosidad que buscará información y puede que ese sea el inicio de un nuevo reclinado.
Contra los prejuicios nada pueden las razones. Puedes intentar explicar mil y una veces las ventajas de las reclinadas (o de otras cosas "raras") y no conseguirás más que gestos y miradas dándote la razón como a los locos. Que nos vean, el resto ya no depende de nosotros.

PAVAS dijo...

Excelente artículo, no he tenido la oportunidad de hacer mi propia reclinada, pero espero poder tener una y demostrar como muchos que las bicicletas "raras" también funcionan de maravilla, saludos desde Costa Rica.